5/12/2017

Monumento a los Héroes del 10 de Agosto

Monumento a los Héroes del 10 de Agosto, en la Plaza de la Independencia (2016)
Imagen: Instant Tanné.

El monumento a los Héroes del 10 de Agosto, también llamado "de la Independencia" o "del Primer Grito de Independencia", no sólo se ubica en el centro neurálgico de la ciudad y de la plaza mayor de la vida quiteña, sino que constituye por sí mismo uno de los íconos más importantes de la nacionalidad ecuatoriana. A continuación les presentamos su historia y significado detallado.


Historia

Centenario del Primer Grito de Independencia (1909)
Imagen: Archivo Nacional de Fotografía - INPC.
En 1888, el presidente José María Plácido Caamaño autorizó el diseño de un monumento en la Plaza Grande, mismo que conmemoraría la gesta del Primer Grito de Independencia de 1809; lamentablemente este proyecto no se llegó a concretar más allá del papel y la buena intención.

Para el año 1894 la presidencia ecuatoriana era ejercida por el cañarense Luis Cordero Crespo, quien retomó la idea de levantar un monumento frente al Palacio Presidencial, y encargó el diseño del mismo al sacerdote italiano Juan Bautista Minghetti, que pertenecía a la orden salesiana llegada al país en la época de García Moreno. Al año siguiente, con el triunfo de la Revolución Liberal y la expulsión de muchas órdenes religiosas como la salesiana, nuevamente el proyecto quedó paralizado.

En 1898 el presidente Eloy Alfaro vuelve a retomar una vez más la idea del monumento, coloca la primera piedra y crea una sociedad que se encargaría de conseguir los fondos para la construcción. En 1903 se llamó a un nuevo concurso de diseños en el que se presentaron 15 propuestas, incluida la del suizo Lorenzo Durini y su hijo Francisco, que basados en el modelo de Minghetti con apenas algunas alteraciones, fueron contratados al año siguiente.

Los Durini enviaron el diseño detallado a varios talleres de Italia, en donde serían fabricadas las piezas con materiales de ese país para abaratar los costos de envío si se hacía con material ecuatoriano, siendo esa la razón por la que la piedra y el mármol del monumento no son nacionales. Las piezas terminadas fueron trasladadas en grandes cajas de madera por barco hasta el puerto de Guayaquil, y desde allí por ferrocarril hasta Quito en donde, tras solventar algunos inconvenientes de piezas faltantes y otras que no encajaban, fue finalmente levantada la enorme columna.

El monumento fue inaugurado el 10 de agosto de 1906, en el mismo sitio que por siglos había ocupado la pila de agua que hoy se encuentra en la plaza central de Sangolquí, y que entre 1892 y 1904 había sido también el hogar del desaparecido monumento a Cristóbal Colón. Finalmente, y para 1909, el Estado comisionó nuevamente a Francisco Durini para que rediseñara totalmente la plaza, que pasó a llamarse "de la Independencia", con jardinería y un cerramiento que ya no existe y fue puesto en remate.

Descripción

Boceto a tinta de la planta del monumento, vista desde arriba,
por Lorenzo Durini Vasalli (1903)
Imagen: propia.
Inspirado al parecer en las columnas de Trajano (Roma) y La Victoria (Berlín), el Monumento a los Héroes del 10 de Agosto tiene una altura de 17,40 metros en total, y según algunas versiones está orientado hacia el oriente debido a que respeta la simbología de la masonería, a la que pertenecía el presidente Eloy Alfaro.

El monumento se levanta sobre una superficie octogonal de piedra formada por dos cuerpos: el primero de tres escalones seguidos de una rampa con pequeña inclinación elevada, y luego otro de tres escalones más, en cuyo se centro se erige el basamento. El grupo escultórico de bronce conocido como "Conjunto Ibérico", formado por un león herido y otros símbolos, se encuentra ubicado sobre este nivel del monumento.

En los ángulos de encuentro del primer grupo de escalones, y rodeando el todo, se ubican esferas de mármol cruzadas por una franja de bronce al centro y unidas entre sí por cadenas, que sirven además como barrera entre el público y el monumento en sí mismo.

A las escaleras les sigue el basamento, un bloque cúbico de piedra maciza y cubierta con mármol italiano, que alberga varias placas en sus diferentes caras, adornado con hojas de bronce en cada esquina y un conjunto del Escudo del Ecuador en la cara suroriental. Sobre este basamento se encuentra posada la escultura de bronce de un cóndor en posición de vuelo y una cadena rota entre sus garras.

Por su parte, la gran columna que se levanta sobre el basamento está conformada en realidad por cuatro columnas de orden corintio, unidas entre sí para formar una planta con forma de cruz en la que cada brazo está direccionado a uno de los cuatro puntos cardinales. Una plataforma, también con forma de cruz, remata la columna y sirve para sostener la escultura de la Dama de la Independencia, que mira hacia el oriente, por donde sale el sol tras la colina del Itchimbía.

Significado

Conjunto ibérico (2015)
Imagen: revista Vistazo.
El llamado "Conjunto ibérico", que se ubica sobre el nivel de las escaleras y es el más bajo de todos, está constituido por varias secciones con diferentes significados cada una:
  • Dos estandartes caídos, que representan el final de la soberanía española en suelo quitense.
  • Un cañón y tres rifles rotos, representando el fin de la opresión por las armas.
  • Una cruz, símbolo de la religión impuesta por la fuerza como una crítica del liberalismo a los conservadores.
  • Un león, que es el símbolo tradicional de la monarquía, y que en el escudo de España se encuentra representando a la Corona de Castilla. Se aleja herido por una flecha, rugiéndole derrotado al Cóndor.

Cóndor, hojas de acanto y dos
de las placas de la base (2014)
Imagen: propia.
El cóndor, ubicado sobre el basamento de la gran columna, no sólo constituye el ave emblemática del Ecuador que se encuentra incluso en su escudo nacional, sino que en este caso particular representa al país rompiendo las cadenas de España con sus afiladas garras. Al respecto existe una anécdota en la que Francisco Durini debió realizar un molde de cera de un cóndor muerto, para enviarlo a Italia y que se pudiera fabricar la figura, ya que en Europa esta ave era prácticamente desconocida.

Las hojas de acanto que adornan las esquinas del basamento, en cambio, son una variedad de hojas que poseen espinas, y en la tradición griega representan el triunfo logrado con esfuerzo y penalidades; en este caso el triste capítulo de la matanza del 2 de agosto de 1810, en el que perecieron gran parte de los próceres que participaron del Primer Grito de Independencia.

Las placas, que en número de cuatro se ubican en los cuatro costados del basamento, representan lo siguiente:
  • Suroriente: “A los Héroes del 10 de Agosto de 1809", fabricada en mármol gris con la inscripción en bronce, fue colocada en la inauguración del monumento (1906).
  • Nororiente: relieve "Sala Capitular", que fabricado en bronce, representa la firma del Acta de instalación de la Junta de Gobierno de Quito, a lugar el 16 de agosto de 1809 en la Sala Capitular del convento de San Agustín.
  • Noroccidente: acta de instalación de la Junta de Gobierno de Quito, también de bronce e incluye el texto completo del documento firmado en 1809.
  • Suroccidente: relieve "Masacre del 2 de agosto de 1810", de bronce, la escena representa la escena en la que gran parte de los participantes en la asonada quiteña de agosto de 1809 fueron asesinados por las tropas españolas, en un revuelta que tuvo lugar en el Cuartel de la Real Audiencia.

La gran columna, que como se ha dicho está formada por cuatro columnas estriadas y capiteles corintios, presentan entra cada una hojas de palma trabajadas en bronce, que eran el símbolo romano de la victoria y con las que se acostumbraba recibir a los héroes, batiéndolas sobre sus cabezas. Sobre los capiteles y antes de la pequeña base que sostiene la escultura que corona el monumento, unas pequeñas coronas de laurel, también de bronce, representan la victoria tal como lo hacían en tiempos greco-romanos, cuando eran usadas sobra las cabezas de quienes salían victoriosos de una competencia o batalla.

La Dama de la Independencia (2007)
Imagen: Mountain Soft Travel.
La esfera sobre la que se posa la Dama de la Independencia, no es otra cosa que un orbe, representación del planeta tierra cruzado en la mitad por un anillo que es la línea ecuatorial, en el que se pueden apreciar cuatro rostros de leones sosteniendo una argolla de oro y en dirección a los puntos cardinales. Bajo el anillo, en cambio, se pueden apreciar más hojas de acanto.

La llamada Dama de la Independencia, que corona todo el conjumto, no es otra que la diosa romana Libertas, deidad de la libertad personal, que en este caso simboliza la libertad conseguida con las armas, mismas que sostiene con su mano izquierda. La diosa está adornada con diferentes elementos:
  • Túnica griega, que la viste de hombros a pies y se encuentra adornada por detalles de oro, representa el triunfo de la civilización por sobre la barbarie de la prehistoria, el nacimiento de los saberes.
  • Fasces consulares, que la Diosa sostiene con su mano izquierda, representan la fuerza en la unidad pues son armas atadas entre sí.
  • Corona de laurel, que ubicada sobre la cabeza, ya se ha explicado que era usada por los héroes victoriosos.
  • Tea, que sostiene con su mano derecha y constituye el punto más alto del monumento, representa el conocimiento y lógica, es decir la razón que domina al mundo impulsivo, el fin de una época oscura para el país y, según algunos, también la frase “Quito, luz de América”.

Galería

La Plaza Grande y el Monumento a Cristóbal Colón (ca. 1895)
Imagen: Archivo Nacional de Fotografía - INPC.

Boceto en acuarela del proyecto, por
Lorenzo Durini Vasalli (1903).
Imagen: propia.


Relieve "Sala Capitular" (2014)
Imagen: propia.

Relieve "Masacre del 2 de Agosto" (2014)
Imagen: propia


5/10/2017

Puerta de La Circasiana

Puerta de La Circasiana (ca. 2015)
Imagen: Vuelos Baratos.

Pese a que la Puerta de La Circasiana nació al mundo como el ingreso de un exclusivo predio privado a inicios del siglo XX, en la actualidad constituye uno de los monumentos públicos más conocidos de la ciudad, que desde la década de 1970 marca el ingreso a la urbe moderna.

Historia

La puerta fue comisionada por Jacinto Jijón y Caamaño, destacado arqueólogo y político del Partido Conservador, además del primer alcalde moderno de Quito entre 1946 y 1948. Fue padre del II Conde de Casa Jijón, para quien desarrolló el árbol genealógico familiar con el que tiempo después reclamaría el título en España y lo recuperó para la familia.

El escultor a cargo de la obra fue el célebre ibarreño Luis Antonio Mideros, hermano de los pintores Enrique y Víctor Mideros, este último conocido por sus trabajos en templos y en la casa de la aristócrata María Augusta Urrutia. Los trabajos iniciaron alrededor de 1935, como parte de las ampliaciones y mejoras ordenadas por Jijón, que terminaron convirtiendo la quinta original de sus padres en un verdadero palacio para la estirpe.

La puerta en su ubicación original, como ingreso del
Palacio de La Circasiana (ca. 1945). La puerta de hierro
interior aún se puede ver en el ingreso al INPC.
Imagen: archivo personal.
Cuando la puerta fue concluida alrededor de 1940, sólo el frente de la misma estaba revestido con piedra pues la parte posterior era de ladrillo, y servía como el nuevo ingreso a los predios del Palacio por la avenida Colón, desde la que lo primero que el visitante apreciaba era la gran portada de piedra que aún decora la fachada norte de la casa, con el escudo tallado de la familia Jijón en ella.

A medida que el mantenimiento del Palacio se volvía más oneroso para los Jijón, la familia fue pensando en deshacerse de la propiedad y venderla al Municipio de la ciudad. Así, en la década de 1970 empezaron donando la gran puerta de ingreso que había sido afectada por la ampliación de la avenida Colón a 4 carriles, que redujo el frente de la propiedad.

El Cabildo desarmó cuidadosamente la estructura y la trasladó, pieza por pieza, hasta el parque El Ejido donde fue rearmada en la confluencia de las avenidas Patria y Amazonas, esta última a la que serviría como imponente remate junto a una fuente de agua diseñada en el parterre central de la Patria. Para volver la Puerta más simétrica, se revistió de piedra el lado posterior, que hasta entonces aún lucía únicamente de ladrillo.

En el año 2000 la Puerta fue trasladada una vez más, aunque esta ocasión sólo unos metros al interior del parque, para crear una gran plaza que permita apreciarla de mejor manera, aunque se eliminó la fuente de la avenida Patria para reformar el flujo vehicular de la atestada intersección.

Descripción

Para diseñar la Puerta, Mideros se inspiró en el Arco del Triunfo de París, aunque debió acomodarse a una escala muchísimo menor para que no compitiera con el Palacio en sí mismo y por obvias limitaciones monetarias.

La estructura tiene 8 metros de altura, 9 de largo, 3,5 de profundidad y un peso de 30 toneladas. El interior posee alma de hierro y cemento, mientras que el exterior está revestido por piedra andesita oscura. Además del arco central, posee dos arcos más pequeños en las fachadas laterales, todos de medio punto, de manera que el friso se asienta sobre cuatro columnas rectangulares.

A grandes rasgos se puede decir que la Puerta de La Circasiana pertenece a la corriente arquitectónica del neoclásico, pues su composición de arcos de medio punto, columnas toscanas y friso así lo sugieren, pero se debe resaltar que la escena tallada por Mideros entra más en los primeros tintes del arte modernista.

El bajo y medio relieve del friso, que ha pasado a la cultura popular quiteña con el nombre de "La Despedida de los Centauros" por sugerencia de algún autor, está inspirado en realidad en escenas que existían en el friso del templo de Atenea, en el Partenón, donde se representaban la gran batalla entre los centauros y los lápitas.

Los centauros eran seres de la mitología griega, con la mitad superior de humanos y la inferior de caballos, sin modales y nada hospitalarios, que para los antiguos helenos representaban a las naciones bárbaras del norte. Los lápitas, por otro lado, eran humanos que vivían en la localidad de Laphitae (Tesalia), en un lugar vecino a los territorios de los centauros, con los que siempre mantuvieron conflictos.

Detalle del friso, cara suroccidental (2014)
Imagen: propia
En el friso de la Puerta de La Circasiana, Mideros decidió tallar la escena más famosa de este conflicto mitológico, en la que los centauros acudieron a la boda del rey Pirítoo para raptar a la novia y a otras mujeres, hecho que desencadenó la épica batalla que acabó con la vida de muchos en ambos bandos.

Entonces, en el bajo y medio relieve del escultor ibarreño aparecen representados centauros y centáurides en posiciones que sugieren intimidad, así como hombres y mujeres en similares circunstancias, tal como se supone que eran las desenfrenadas fiestas de la antigüedad greco-romana.

Finalmente, en las esquinas del sur aparecen figuras con cabeza humana y una especie de cuerpo formado por lo que parecen ser ondas, y que posiblemente representen a los vientos menores (pues la puerta siempre estuvo direccionada hacia el norte): Apeliotes del sureste, y Libis del suroeste.

5/08/2017

Monumento a los Héroes Ignotos

Monumento a los Héroes Ignotos, en el Bulevar 24 de Mayo (ca. 2015)
Imagen: Colección Cisneros.

El monumento a los Héroes Ignotos es una de las esculturas que embellecen el Bulevar 24 de Mayo, en el extremo sur del Centro Histórico, que constituía el paseo tradicional de la ciudad de la belle-époque quiteña, por allá en los años 20's y 30's del siglo XX. Íntimamente ligado con las conmemoraciones del centenario de la Batalla de Pichincha, a continuación describimos su historia y significados.

Bulevar 24 de Mayo

Quebrada de Jerusalén (ca. 1870)
Imagen: Archivo Nacional de Fotografía - INPC.
Para hablar de este monumento es importante referirse al espacio urbano en el que fue emplezado, el Bulevar 24 de Mayo, que inicia su historia como una profunda quebrada por la que discurría un riachuelo con aguas provenientes de los deshielos del volcán Pichincha, y que los nativos de Quito llamaban Ulluganga YaKu (río de los gallinazos).

Durante los primeros años de dominación española, la quebrada pasó a ser llamada "del Auqui”, un título de la nobleza incaica que equivalía al de príncipe heredero, esto debido a que en las cercanías se levantaba la casa de Francisco Topatauchi, hijo de Atahualpa.

Finalmente, el nombre de Quebrada de Jerusalén, que se popularizó entre los siglos XVII e inicios del XX, le fue conferido porque allí se encontró el sagrario que había sido robado de la vecina iglesia de Santa Clara, y en agradecimiento por el milagro no sólo se le dio el nombre de la ciudad santa, sino que también se construyó la Capilla del Robo.

El relleno de la quebrada inició en el año 1904, promovida por el alcalde Francisco Andrade Marín, y concluyó en 1911. El diseño del bulevar fue concebido en 1920 como un paseo al estilo europeo para los quiteños, y cuando terminó constituyó el primer espacio de su tipo en la ciudad: una amplia avenida ajardinada con un elegante entorno que por aquella época estaba constituido netamente por mansiones residenciales que, de a poco, se fueron adaptando a fines comerciales y derivaron en una tugurización del espacio a mediados del siglo XX, pero que fue recuperado en las alcaldías de Paco Moncayo y Augusto Barrera, a inicios del XXI.

Monumento

El monumento en la década de 1920.
Imagen: Archivo Nacional de Fotografía - INPC.
Uno de los monumentos que de a poco fueron embelleciendo aún más el espacio que constituía el Bulevar, estaba inspirado en una costumbre nacida tras la I Guerra Mundial, cuando Francia e Inglaterra levantaran monumentos en homenaje a los soldados no identificados que habían caído en los campos de batalla de toda Europa, pues ignoto significa desconocido.

El monumento quiteño fue comisionado por la Sociedad de Estudios Históricos Militares, que a través del impulso del doctor Alberto Muñoz, buscaba homenajear a los soldados desconocidos que habían ofrecido su vida en la Batalla de Pichincha, que en 1822 selló de manera definitiva la Independencia del actual Ecuador, y cuyo centenario estaba por conmemorarse.

Los fondos fueron conseguidos en 1921 gracias al Municipio de la ciudad y algunas donaciones particulares, y por 6.900 sucres se encargó su diseño y construcción al arquitecto italo-suizo Francisco Durini Cáceres, especializado en la corriente artística neoclásica y el más reconocido del país por aquellos años. El monumento fue inaugurado con una fastuosa ceremonia el 26 de mayo de 1922.

Descripción

El monumento original concebido por Durini constaba de una escalera que salvaba el desnivel del terreno del bulevar, sobre la que se encontraba una base de piedra con planta de cruz, encima un bloque cúbico que en sus cuatro caras exhibía las placas conmemorativas, seguido de una esbelta columna estriada, decorada en la mitad inferior y terminada con capitel corintio, que se coronaba con un cóndor de bronce de alas extendidas en posición de vuelo.

El cóndor desapareció aproximadamente en la década de 1990 y nunca fue repuesto, quedando únicamente la base del monumento que entró en un acelerado proceso de deterioro. El monumento fue totalmente desmantelado en los trabajos de rediseño y recuperación del Bulevar 24 de Mayo que empezó el alcalde Paco Moncayo, y fue repuesto con los últimos trabajos de esta intervención, en el periodo de Augusto Barrera.

Lamentablemente esta reposición poco guarda de relación con el elegante monumento original, así como el bulevar nada tiene que ver con el estilo afrancesado de su diseño original. La modernidad conferida a este espacio urbano se tradujo en la reducción del monumento a los Héroes Ignotos, que ahora es mucho más pequeño y sencillo.

En la actualidad se puede describir el monumento de la siguiente forma: una base cúbica de hormigón, cubierta de porcelanato negro, sobre la que se eleva una pequeña columna de piedra que sostiene un cóndor de bronce similar al original, pero de proporciones más modestas y acordes con el nuevo tamaño del monumento.

Galería

Relleno de la Quebrada de Jerusalén (ca. 1910)
Imagen: Flickr de Quito Fun.

El Bulevar 24 de Mayo y el Monumento (ca. 1925)
Imagen: Archivo Nacional de Fotografía - INPC.

El moumento en un diario quiteño (ca. 1980)
Imagen: Twitter El Quito Antiguo.

Propuesta del nuevo Monumento a los Héroes Ignotos, del 2011
Imagen: diario El Comercio.

5/06/2017

Monumento al Hermano Miguel

Monumento al Hermano Miguel, en la plaza de San Blas (2013)
Imagen: Marcelo Jaramillo Cisneros

El monumento al Hermano Miguel, que aunque fue inaugurado en un lugar diferente, hace más de veinte años vigila y embellece el ingreso al Centro Histórico de la ciudad por el lado norte. Su significado está más ligado a la labor que este sacerdote cuencano realizó como maestro, que como santo de la Iglesia católica, pues no solo su iconografía así lo demuestra, sino que la inauguración misma tuvo lugar antes de que iniciara el proceso en El Vaticano.



Santo Hermano Miguel
Imagen: Historia de la Educación latina

Biografía del Hermano Miguel

Francisco Febres-Cordero Muñoz nació en la ciudad de Cuenca el 7 de noviembre de 1854, y a temprana edad sería testigo de una aparición de la virgen en el jardín de su casa, lo que marcaría su vida posterior. Fue uno de los primeros inscritos en la Escuela de los hermanos Lasallanos, que llegaron por primera vez a Ecuador por pedido de Gabriel García Moreno, comunidad a la que estaría ligado hasta su muerte.

Ingresó al noviciado de Lasalle en el año 1868 y adoptó el nombre de hermano Miguel. Tiempo después viajó a Quito para servir como maestro de lengua y literatura en los colegios de la Orden, además de escribir varios libros de texto para los alumnos y de formación para los profesores.

Su destacado trabajo como docente le valió ingresar como miembro de la Academia Ecuatoriana de la Lengua el 2 de agosto de 1892. En 1900 el Gobierno de Francia, mediante su legación diplomática en Quito le otorgó el grado de oficial de la Orden de las Palmas Académicas, por su aporte en la enseñanza del idioma francés en Ecuador. En 1906 fue nombrado miembro numerario de la Academia Venezolana de la Lengua, aunque este lo guardaría en secreto y se conocería sólo cuando murió.

Falleció durante un viaje a España, el 9 de noviembre de 1910, aunque sus restos no fueron devueltos a Ecuador sino hasta 1937, cuando fueron recibidos con gran entusiasmo en el puerto de Guayaquil, y desde allí fueron transportados hasta la tumba preparada en la iglesia de La Magdalena, al sur de Quito. En 1977 fue beatificado por el papa Paulo VI, y en 1984 fue canonizado por Juan Pablo II, convirtiéndose en el segundo santo católico del Ecuador después de Mariana de Jesús.

Historia

El monumento en su ubicación original de El Tejar (ca. 1960)
Imagen: Archivo Nacional de Fotografía - INPC.
En 1954 se organizó un concurso de proyectos para levantar un monumento a la memoria del Hermano Miguel en Quito, de entre las varias propuestas presentadas ganó el artista Oswaldo Guayasamín, que empezaba a ser reconocido por su corriente modernista.

Según el autor Edgar Freire Rubio, los lasallanos no habrían recibido la escultura de Guayasamín, y en su lugar decidieron colocar una de san Juan Bautista de Lasalle que habían adquirido en París, y que por su estilo más clásico decidieron hacerla pasar por el hermano Miguel.

El 4 de junio de 1955 seinauguró el monumento en el marco de los festejos por el centenario del nacimiento del hermano Miguel, y al acto acudió masivamente la ciudadanía, autoridades de la Iglesia y el Gobierno. El sitio en el que se levantó era el parque de El Tejar, que había sido embellecido con jardines de estilo francés para el efecto, y que pasó a llamarse Hermano Miguel desde entonces.

En la década de 1990 se decidió construir un parqueadero en el lugar del parque Hermano Miguel (que después acabaría convirtiéndose en un Centro Comercial del Ahorro con el mismo nombre del Santo), y el monumento fue trasladado a una pequeña plaza en la esquina de las calles Montúfar y Pichincha, en el ingreso norte del Centro Histórico.

Finalmente, en octubre de 2012 fue desmantelado debido a que era usado como baño público, y trasladado por partes a la plaza de San Blas, a pocos metros del lugar en el que había permanecido los 20 últimos años.

Descripción

El monumento en el ingreso al Centro Histórico, circa 2000
Imagen: Kwovadis
El monumento tal como fue concebido pertenecía a un claro estilo neoclásico, favorito de los quiteños en aquella época. Tras el primer traslado, en que la base fue cambiada, adquirió rasgos que se combinaban con los modernismos del nuevo basamento.

La base original del monumento era una especie de podio revestido de mármol, con una esbelta columna cuadrada al centro y dos cuerpos rectangulares, más bajos y largos, en los costados.

Sobre la columna se encontraba la escultura central del Hermano Miguel y tres niños, mientras que en los laterales dos esculturas más, representando a un par de estudiantes cada una, y dos grandes placas talladas con escenas de la vida educativa del Santo.

Las esculturas son de bronce hueco, aparentemente fabricadas en moldes de cera como se acostumbraba en aquel tiempo, y representan a ocho personas: el Hermano Miguel y siete niños. En 2012 se agregó al conjunto la escultura suelta de una niña, para darle diversidad de género al mensaje educativo.

La figura central es un conjunto en la que se puede ver al Hermano Miguel de pie, sosteniendo un libro que aparentemente les está leyendo a tres niños, estos se encuentran a sus pies, escuchándolo atentamente. Las otras dos figuras, en cambio, representan a dos niños cada una, caminando como si se acercaran al maestro y vestidos a la usanza de los estudiantes de la época: pantalón corto y chaqueta. La niña añadida en 2012 también usa un vestido típico de las niñas de la época, y tiene su cabello recogido en una media coleta.

Galería

Inauguración del monumento, en 1955
Imagen: Archivo Nacional de Fotografía - INPC.
Escultura de la niña, añadida al conjunto en 2012
Imagen: Parks & Tribes


4/09/2017

Monumento a Federico González Suárez

El monumento en la Plaza Chica (2016).
Imagen: propia.

Hoy pasa casi desapercibido y se encuentra desmembrado en distintos lugares de la ciudad, pero alguna vez el conjunto escultórico en honor a Federico González Suárez, el primer historiador moderno del Ecuador, fue centro de atención por su belleza y significado.

Historia

El conjunto escultórico original, con las dos alegorías (ca.1950)
Imagen: cortesía de Fabián Bersosa Vaca.
En la década de 1880 el Municipio capitalino decidió rediseñar varias plazas de la ciudad antigua, comisionando fuentes de agua y esculturas a los artistas más destacados de la Escuela de Bellas Artes de Quito. En el caso particular de San Francisco, cuyo nombre fue cambiado por el de Plaza Bolívar (que no llegó a calar entre la población), el espacio tradicionalmente abierto y empedrado fue reemplazado por unos jardines de estilo francés que permanecieron hasta finales de la década de 1920.

Para embellecer el espacio central de la plaza, nuevamente rediseñada y devuelta a su estado original de espacio empedrado y despejado, en el año 1930 fue comisionada una obra que represente al padre de la historiografía ecuatoriana moderna: el obispo Federico González Suárez (1844-1917), fundador de la Sociedad Ecuatoriana de Estudios Históricos Americanos, que acabaría convirtiéndose en la actual Academia Nacional de Historia, y autor de las famosas obras "Atlas Arqueológico del Ecuador" e "Historia General de la República del Ecuador".

El artista escogido fue el italiano Luigi Cassadío, que había llegado a Quito en 1915 para ejercer como profesor de escultura en la Escuela de Bellas Artes, desarrollando sobre todo la corriente neoclásica academicista. Cassadío trabajaría en esta orden junto a sus dos alumnas más destacadas, las quiteñas América Salazar y Germania Pazmiño de Breihl.

El diseño original constaba de una esbelta columna de piedra sobre la que descansaba una figura de bronce con la imagen del obispo González Suáres de pie, concebida y trabajada por el mismo Cassadío; y a los pies dos alegorías femeninas llamadas La Religión y La Patria, trabajadas íntegramente en piedra por Pazmiño y Salazar respectivamente.

En la década de 1950 fueron retiradas las dos alegorías de La Religión y La Patria. La primera fue trasladada a la plaza frente a la iglesia de Santa Clara de San Millán, y la segunda sería colocada años más tarde en los jardines que se forman en la intersección de la avenida Amazonas y la calle Veintimilla, en el sector de La Mariscal.

Finalmente, en la década de 1960 el monumento al Obispo fue retirado por completo de la Plaza de San Francisco, pues según los expertos no hacía más que competir desfavorablemente con la monumentalidad del templo y su elaborada portada de piedra. La columna fue desmantelada y la escultura trasladada años más tarde a un nuevo pedestal (mucho más pequeño) en la Plaza Chica, un predio histórico que había sido ocupado por el Palacete de los Marqueses de Selva Alegre en tiempos de la Independencia, y que había sido derrocado en el año 1962 para dar paso a un nuevo espacio público.

Descripción

El monumento original estaba conformado por una esbelta columna de piedra a modo de obelisco trunco por la mitad, con sus cuatro costados enmarcados en bajorelieve para lucir los textos de homenaje. La base, conformada por un cubo también de piedra, lucía en sus cuatro costados otras placas de bronce también en memoria del Obispo-historiador.

Sobre la columna, la figura de Federico González Suárez de pie y ataviado con una capa que lo envuelve casi en su totalidad y solo deja ver sus manos, sosteniendo las páginas de su "Historia General de la República del Ecuador" en la izquierda. Luce un rostro severo y pensativo, característico de sus años de mayor producción historiográfica y en los que ocupó el sillón de Obispo de Quito. El alma de la figura es hueca, trabajada en bronce por Luigi Cassadío en un molde de cera.

América Salazar (ca. 1960), autora de la alegoría de La Patria,
que rodeaba la escultura central del monumento original.
Imagen: revista AFESE Nº 59.
Por su parte, las alegorías diseñadas en piedra andesita por Germania Pazmiño y América Salazar, representan los dos pilares en los que González Suárez desarrolló el trabajo de su vida: el amor por la religión que lo llevó a abrazar la vida sacerdotal, y la pasión por la historia de su patria, el Ecuador, que se tradujo en investigaciones, libros y sociedades para promover este conocimiento.

La primera alegoría, llamada La Religión, es una talla con la figura de una mujer arrodillada y cubierta con una manta que cae desde la cabeza hasta los pies, probablemente una beata o una santa, que sostiene en su brazo derecha una pesada cruz. La segunda, nombrada La Patria, es una mujer (posiblemente amazona) sentada y vestida con una túnica greco-romana que al haber caído hasta la cintura deja ver su pecho desnudo, mientras que en su brazo izquierdo sostiene una lanza y un escudo para defender la nación.

En la actualidad el pedestal en el que se ubica la escultura de González Suárez es un simple bloque de hormigón recubierto con piezas de piedra oscura, que se eleva aproximadamente unos dos metros sobre el suelo y se encuentra hacia el fondo de la Plaza Chica, contra la pared de una casa vecina por el norte.

La Religión, por su parte, descansa sobre un pedestal de piedra en tono claro de un metro y medio de alto, en la esquina suroccidental de la Plaza de Santa Clara. Finalmente, La Patria reposa sobre un pedestal de piedra marrón de unos dos metros de altura, en el centro de una fuente de agua, ubicada en la esquina de las calles Amazonas y Veintimilla.

Galería


La Plaza de San Frabcisco ajardinada, antes de que se
colocara el monumento a González Suárez (ca. 1920)
Imagen: Archivo Nacional de Fotografía.


El monumento en 1963, ya sin las alegorías
que le rodeaban originalmente. También la
plaza ya ha dejado de estar ajardinada.
Imagen: Archivo Nacional de Fotografía.

La Religión, parte original del monumento a González Suárez,
hoy en la Plaza de Santa Clara de San Millán.
Imagen: Google Street View (2014).

La Patria, parte original del monumento a González Suárez,
hoy en la plaza de la esquina de Amazonas y Veintimilla.
Imagen: Infinito Digital (2016)

Referencias

  • Moya Peralta, Rómulo (2007). "Quito: inventario de arte público", p.134. Quito: Trama Ediciones.
  • Chiriboga Ordoñez, Ernesto (2004). "Un siglo de imágenes, el Quito que se fue II / 1860-1960", pp.56-62. Quito: FONSAL.
  • Adoum, Jorge Enrique. "Cronología del siglo XX, cultura y política en el Ecuador y el mundo", p. 29. Quito: Eskeletra Editorial. ISBN 978-16-035-3.
  • Martínez Salazar, Francisco. "América Salazar: entre la penumbra y la luz". Revista AFESE Nº59, pp. 158-168. Quito: Asociación de Funcionarios y Empleados del Servicio Exterior Ecuatoriano.
  • Cevallos Perugachi, Javier. "La piedra furtiva (monumentos móviles)", diario El Telégrafo. Publicado el 3 de noviembre de 2014.

2/06/2017

Mansión Granda Centeno

La mansión, en una panorámica desde el nororiente.
Fotografía: Guadalupe Cando Noboa.

Dirección: Juan José de Villalengua y Francisco Cruz Miranda
Sector: Granda Centeno
Año de construcción: 1990
Arquitecto: desconocido
Estilo: historicista (neoclásico escandinavo)
Premios: -
Uso actual: residencia particular


Historia

El predio perteneció a las tierras que el multifacético empresario de orígenes cuencanos y manabitas, Antonio Granda Centeno, había adquirido tras establecerse en Quito a mediados del siglo XX, y que por entonces se encontraban a las afueras de la ciudad por el norte, aunque paulatinamente se fueron convirtiendo en parte de la mancha urbana gracias al proceso de lotización que derivó en uno de los más exitosos negocios del sector inmobiliario capitalino.

Además de los sectores inmobiliario y de construcción, que eran sus mayores fuentes de ingresos, los Granda Centeno también incursionaron en el negocio de los medios de comunicación, convirtiéndose durante largos años en los únicos propietarios de Teleamazonas, una de las estaciones televisivas más importantes del país. A la muerte de Antonio, heredó los negocios su hijo Eduardo Granda Garcés, quien vio mermado el patrimonio familiar con la pérdida de la televisora y algunas otras propiedades.

La construcción de la mansión que nos concierne en este artículo fue encargada precisamente por Eduardo Granda en la década de 1990, antes de que la crisis financiera dejada al país tras el Gobierno de Jamil Mahuad asolara las arcas familiares a inicios del siglo XXI. La obra estuvo a cargo de la Constructora Granda Centeno, empresa que también terminó por desaparecer. En la actualidad la mansión aún pertenece a los Granda.

Arquitectura

La Mansión Granda Centeno se desarrolla en un volúmen compacto de dos niveles y buhardilla, implantada en medio del terreno con frentes hacia los cuatro costados. Su estilo historicista neoclásico, de influencia escandinava, recuerda en su mayoría a algunas mansiones noruegas, suecas y finlandesas, así como a detalles del Palacio Real de El Pardo, en Madrid.

El cuerpo central, de planta cúbica y más alto que los demás, se jerarquiza también con los pórticos techados de ingreso hacia el frente y la fachada posterior. Dos cuerpos rectangulares se extienden hacia el norte y el sur, rematando los extremos de la edificación en dos torrecillas de planta cuadrangular y colocadas de manera asimétrica.

El detalle característico del conjunto se aprecia en el techo de tipo mansarda en el que se encuentran las habitaciones de la buhardilla, apreciables gracias a la ventanería de vanos rectangulares que rematan en pequeños frontones triangulares. Los del segundo piso, en cambio, no lucen este detalle ornamental, aunque sí disponen de hermosas barandillas de hierro forjado a modo de antepecho para pequeños balcones.

La propiedad posee una gran escalinata que comunica la terraza posterior con un amplio terreno ubicado en un nivel más bajo, y que probablemente estaba destinado a convertirse en los jardines de la mansión, pero que hoy es ocupado por una fábrica. Este último cambió seguramente se debió a la crisis económica en que entró la familia a inicios del siglo XXI, que les llevó a perder parte de su fortuna y a dejar inconcluso el proyecto.

Galería

Vista satelital del predio que ocupa la mansión.
Fotografía: captura de Google Earth (a 2016)


La mansión vista desde el terreno oriental, con la escalinata
que conducía a los jardines que no se terminaron.
Fotografía: Andy Calero Vizuete.
Panorámica de la mansión, desde el nororiente
Fotografía: Guadalupe Cando Noboa.

La mansión desde la calle Villalengua.
Fotografía: Google Street View (octubre de 2014).

La mansión vista desde la calle Villalengua.
Fotografía: Andy Calero Vizuete.

Referencias


2/05/2017

Quinta La Victoria

Ingreso a la Quinta La Victoria, desde la calle José María Arteta y Calisto hacia el sur.
Fotografía: Google Street View (octubre de 2014).

Dirección: José María Arteta y Machala
Sector: Cotocollao
Año de construcción: circa 1920-40
Arquitecto: desconocido
Estilo: historicista (neoclásico)
Premios: -
Uso actual: abandonado

Escondida tras largos muros de ladrillo, mecánicas y un espeso bosque de eucaliptos, la Quinta La Victoria es uno de los tesoros arquitectónicos que esconde Cotocollao, barrio ubicado en el extremo norte de Quito. El sector, que constituía un núcleo urbano independiente de la capital, se convirtió entre los siglos XIX e inicios del XX en lugar de descanso para algunas de las más aristocráticas familias quiteñas, que construyeron allí sus quintas de fin de semana.

La Victoria justamente pertenece a esta etapa de la historia cotocollaense, aunque a diferencia de otras como La Delicia, solo perdió parte de su extensión original con la llegada de la modernidad y la lotización de las grandes propiedades que existían en la zona. Sin embargo, su estado de conservación no corrió la misma suerte y hoy se encuentra sumamente deteriorada, abandonada y convertida en guarida de ladrones y personas con problemas de adicción a las drogas; lo que vuelve peligroso al entorno.

Arquitectura

La Quinta La Victoria actual se asienta en un terreno de 29.800 metros cuadrados delimitado por la calle José María Arteta y Calisto al oriente (donde se encuentra su acceso principal), la calle Machala al norte, el conjunto La Alborada al occidente y la quebrada de Rumihurco al sur, aunque esta última ha sido rellenada. Actualmente es propiedad del Banco del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (BIESS), que adquirió los terrenos y otros aledaños en la década de 1980.

Imagen satelital de Cotocollao y la Quinta La Victoria
Fotografía: Instituto Geográfico Militar (1956)
La casa está rodeada por un inmenso bosque en el que predomina el eucalipto sembrado después de 1956, pues una fotografía satelital del Instituto Gegráfico Militar tomada ese año muestra el terreno vacío (derecha). Sin embargo, y a pesar de que el eucaliptal ocupa hoy la mayor parte del terreno, también se pueden encontrar algunas clases de arbustos y palmeras, sobre todo las tradicionales cococumbi andinas que se levantan en el jardín delantero.

La casa principal, que se ubica en la esquina suroriental del terreno y al costado de lo que otrora fue la quebrada Rumihurco, se desarrolla en una sola planta y un bloque compacto al que se suma una estructura independiente, donde probablemente se encontraban las cocinas, bodegas y habitaciones de la servidumbre.

El ingreso está direccionado hacia el oriente, a mitad del cuerpo arquitectónico y jerarquizado por un frontón triangular que da paso a las galerías vidriadas que recorren gran parte del perímetro delantero del edificio, y que probablemente fueron añadidas posterior a la construcción original para evitar el paso del frío.

Galería

Vista parcial del frontón que constituye el ingreso a la casa,
oculto por el espeso jardín delantero y la pared perimetral.
Fotografía: Google Street View (octubre de 2014)

Quinta La Victoria, vista desde la esquina suroriental. A la
izquierda se aprecia la antigua quebrada Rumihurco, rellenada.
Fotografía: Google Street View (octubre de 2014)

Referencias

  • Observaciones personales